Los mensajes que damos a niños y a niñas

Padres y madres tenemos un gran reto y una gran responsabilidad: seguir criando hijos e hijas, lo más en igualdad posible, con una educación recibida basada en la desigualdad. Eso hace que muchas de las actitudes y comportamientos que no estén fomentando la igualdad, se nos pueden pasar desapercibidos.

Tenemos mucha información, pero nos paramos poco a cuestionarnos, a repensar en lo que hacemos y decimos a nuestros hijos e hijas, a nuestras amigas y a nuestros amigos, a nuestras parejas, a nosotras mismas,…

Y si es importante repensar en nuestras actitudes hacia el mundo adulto, mucho más lo es hacerlo en cuanto a los mensajes que transmitimos a la siguiente generación.

Hoy os lo voy a contar en forma de narración…

“Había una vez un niño y una niña que nacieron en primavera, allá por el mes de mayo. Según crecían, demostraban que podían hacer las cosas casi a la misma vez. Empezaron a reír a carcajadas casi a la vez, a gatear, a balbucear, a andar, a provocar a mamá y a papá… No había diferencias entre el chico y la chica. Sin embargo, las personas mayores de su alrededor empezaron a hablarles diferente: “pero qué bonita es”, “¡anda que no es brutote!”, “cuidado, que se va a hacer daño”, “¡venga, que tú puedes!”,… La mayoría de los mensajes dulces y comprensivos iban destinados a la niña, y la mayoría de las frases motivadoras y que permitían las “travesuras” eran hacía los niños…

El niño y la niña fueron creciendo… Seguían jugando a las mismas cosas: se subían a los árboles, tiraban piedras al río, hacían “comiditas”, jugaban a las muñecas, a los coches, a saltar, a bailar, a disfrazarse…

Los mensajes de los mayores se seguían sucediendo: “ten cuidado al subirte al árbol”, “qué rápido eres subiendo árboles”, “qué guapa te has pintado”, “los chicos no se maquillan”, “qué bonita has puesto la mesa”, “¡Guau! qué combinación de ingredientes, puedes ser un gran chef…”,…

Y el mundo seguiría reproduciendo estereotipos de género si no cuestionáramos nada de nuestros mensajes. Los mayores, que se dieron cuenta que hablaban diferente al niño y a la niña y que esperaban cosas distintas de los dos, cambiaron sus mensajes y ya no adivinaríamos hacia quien iban dirigidos: “¡Qué alto subes!”, “A ver quién llega más alto”, “¿Qué comida me ofreces hoy?”, “¡¡Guau!! Se te da genial la cocina (bailar, cantar, maquillar,…)”…

Os dejo también aquí otros posts antiguos de reflexión sobre la igualdad de oportunidades entre chicos y chicas y Las niñas son mucho más que princesas.

 

¿Qué tal si reflexionamos sobre cómo tratamos a niños y a niñas?

¿Seguro que lo hacemos igual?

Seguro que hay muchas más cosas que cambiar para conseguir una verdadera igualdad, empecemos por algún sitio y sigamos cambiando las cosas.

 

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